
El próximo día 2 de mayo celebramos el Día de la madre. Me gustaría que leyeseis esta carta y me dejarais un comentario al respecto. Os aviso: es preciosa y algo dura.
CARTA DE UNA MADRE A SUS HIJOS
Queridos todos:
Me voy. Volveré cuando sepáis donde están guardadas las bolas de naftalina, cuando nuestra casa ya no tenga secretos para ninguno de vosotros, cuando seáis capaces de descifrar los códigos de los botones de la lavadora, cuando logréis reprimir el impulso de llamarme a gritos si se acaba la pasta de dientes o el papel higiénico. Volveré cuando estéis dispuestos a llevar conmigo la corona de reina de la casa. Cuando no me necesitéis más que para compartir.
Ya sé que me echaréis de menos, estoy segura. También yo a vosotros, pero sólo desapareciendo podré rellenar los huecos que vuestro cariño me produce....Sólo podré estar segura de que verdaderamente me queréis cuando no tengáis necesidad de mi para comer, para vestiros, para lavaros o para encontrar las tijeras.
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Palabra de honor que no me voy por cansancio, aunque sea una lata dormirse todas las noches pensando en la comida del día siguiente y hacer la compra a salto de mata cuando vienes del trabajo y, a la larga, pesa mucho la manía de ver siempre un velo de polvo en los muebles cuando me siento un rato en el sofá, y la perenne atracción hacia la bayeta y la cera. Pero no es sólo por eso. No. Tampoco me voy porque esté harta de poner la lavadora mientras me desabrocho el abrigo ni porque quiera estar más libre para hacer carrera en mi trabajo. No. (..........)Me voy para enseñaros a compartir, pero sobre todo me voy para ver si aprendo a delegar.
Porque si lo consigo no volveré nunca más a sentirme culpable cuando no saquéis notas brillantes o cuando se quemen las lentejas o cuando alguno no tenga camisas planchadas que ponerse.
La culpa de que sea imprescindible en casa es sólo mía, así que despareciendo yo por unos días, os daréis cuenta vosotros de que la economía doméstica es fácilmente derrocable y quizá yo pueda aprender la humildad necesaria para ser, cuando vuelva, una más entre la plebe. Cuando encontréis la naftalina no dejéis de avisarme. Seguro que para entonces yo también habré aprendido a no ser tan excesivamente buena. Puede ser que ese día no nos querramos más, pero seguro que nos querremos mejor. Besos. Mamá.
(C. de Santos, Ser Humano)